Miguel Ángel Pareja y la técnica del mosaico

Miguel Ángel Pareja ha sido una personalidad muy relevante para el mundo de las artes, tanto en el ámbito docente como creativo. Pero en lo que ataña al muralismo, en la década de los años 50 y 60 fue uno de los máximos percusores, gracias a la creación del Taller de Mosaico en 1957 de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Montevideo, no libre de ciertas reticencias en sus inicios.

Esto vino dado por el contacto directo que mantuvo con los mosaicos bizantinos de Rávena, gracias a que la Universidad de la República le concedió una beca con la que pudo viajar a Italia y poder así estudiarlos de la mano del reconocido artista italiano Gino Severini. Posteriormente trabajó junto a Fernand Léger en los mosaicos del Hospital Saint-Ló en Normandía y en el edificio de Gaz de France de París.

En Uruguay sólo tenemos constancia de la ejecución de dos murales con autoría de Pareja, pero él no desistió en trabajar la técnica del mosaico, desplazándola a un soporte de pequeño formato y móvil.

Pero su influencia caló en muchos artistas ligados principalmente a la nueva corriente no figurativa que se estaba enraizando con fuerza en el panorama artístico uruguayo, sobre todo centrándose en dos vertientes, la formalista y la abstracta. Aunque también autores pertenecientes a otras corrientes, como es el caso de la cosntructivista, también emplearon esta técnica. Así nos encontramos con artistas como Lincoln Presno, Edgardo Ribeiro, Edwin Studer, Julio Uruguay Alpuy, Germán Cabrera, Dumas Oroño, Silvestre Peciar, entre otros muchos, que realizaron murales con la técnica del mosaico.

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Mural de Miguel Ángel Pareja. Edificio Siena. Montevideo
Fuente: Ariel Sánchez y Alejandra Berriel, docentes del IENBA

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Mural de Dumas Oroño. Residencia particular. Montevideo
Fuente: Ariel Sánchez y Alejandra Berriel, docentes del IENBA

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Mural de Lincoln Presno. Montevideo
Fuente: Ariel Sánchez y Alejandra Berriel, docentes del IENBA

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Mosaico veneciano de Edwin Studer. Montevideo
Fuente: Ariel Sánchez y Alejandra Berriel, docentes del IENBA

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